Hay días en los que acabas agotada, aburrida, agobiada y con ganas de salir corriendo a airearte un rato y tomarte una cerveza sentada en la barra de un bar con ambientillo y luces bajas, si es con una amiga con la que te puedas echar unas risas, mejor que mejor, porque eso de sentarte en la barra del bar sola cual mujer fatal, a mi no me va, yo soy un animal social y de los que le dan mucho al palique, así que necesito estar en compañía y contarnos la vida y como la vida siempre tiene cosas interesantes, pues siempre hago corto de tiempo. Y bueno, que me disperso cosa mala y de eso no va este post. Este post va de que eso mismito me pasó el domingo.
Domingo tranquilo y común, nada especial que lo diferencie del resto de domingos urbanos que me pego los meses de invierno. Mañana soleada ideal para pegarte un paseo y un vermoutillo al sol, comer fuera y acabar medio sobada, siempre con un ojo abierto, en un banco del parque mientras mi hijo mayor, Joel, juega al fútbol. A las cinco para casa que empieza a hacer rasqui y ya estoy aburrida del parque. A todo esto, Éric sobando la mar de bien, incluso demasiado bien. Y pienso: bueno, ahora que está dormido nos vamos para casa y aprovecho a hacer algo útil y sobre todo apasionante como vaciar el lavavajillas, recoger la cocina, doblar las ropas que tengo amontonadas desde hace una semana o ordenar el cuarto. ERROR! No sé como a día de hoy puedo seguir siendo tan ingenua. En cuanto pongo un pie en el portal de casa, Éric abre los ojos y se acabó la siesta! Os juro que entro sin hacer el menor ruido (ni para sacar las llaves), cierro el portón con tanto cuidado que parece que estoy manipulando un explosivo, llamo el ascensor rezando que no baje ningún vecino que me salude efusivamente y me despierte al enano para ver como está de gordi.... pero nada, no sé que pasa que no hay manera, cada vez que entramos parece que lo huele...
Y sí, lo tengo comprobadísimo, los bebés tienen un sensor implantado no sé donde que detecta cuando es el momento más perfectamente imperfecto para despertarse, que suele ser el preciso momento en el que tú te dispones a hacer algo importante o que sea por el motivo que sea necesitas que esté durmiendo. Así pues, estos momentos suelen ser, por ejemplo: cuando estás a punto de empezar a comer, especialmente cuando acaban de servir el plato a la mesa y estás que te mueres de hambre; cuando por fín consigues sentarte delante del ordenador y te dispones a relajarte leyendo algún artículo en internet o contestar un mail importante; cuando entras a casa deseando que no se despierte para que te dé tiempo de quitarte tranquilamente la ropa, ponerte el pijama y hacer la comida; y sobre todo, el momento estrella, cuando decides meterte a la ducha. Éste último no falla jamás (por eso he decidido no ducharme hasta que no lleguen relevos porque no hay nada más estresante que ducharte mientras oyes llorar al enano desesperadamente y acabas saliendo casi sin aclararte el pelo para que vea que sigues ahí, empapada pero viva).
Pues como iba diciendo, una vez despierto el enano, aborto el tema de la limpieza y decido dedicar la tarde a hacer de mami, pero resulta que el enano se ha despertado cruzado porque sigue teniendo sueño (y para qué se despierta, me pregunto) y no hay manera de hacer que se vuelva a dormir. Aquí es cuando empieza el momento agobio mutuo que va en aumento, él se agobia y lloriquea y no se puede dormir y quiere brazos y que me ponga de pie y que le pasee y que me deje de muñequitos, y yo me empiezo a poner nerviosa porque ya le he dado ochocientos paseos arriba y abajo y me duele la espalda y cada vez que me siento en el sofá se queja y si lo dejo en el suelo se queja más y llora y yo no puedo oirlo llorar, porque es superior a mi oir llorar a mi hijo, así que intento calmarlo cantando, haciendo el mono, arre arre tatanet, anirem a Sant Benet, y venga canciones y venga paseos y ni con teta ni con canciones se quiere dormir el enano. Y yo, que tengo poca paciencia, ya empiezo a estar agobiada y quiero que vengan los relevos para salir un rato a airearme, pero sin hijos, y a tomarme una cerveza en la barra de un bar con ambientillo y luces bajas, y darle al palique y reírme un rato.
Y no sé si soy yo que me agobian los domingos o que no tengo paciencia o que me va demasiado salir a airearme y darle al palique, o si esto les pasa a todas las madres y no soy la única a la que le hace falta desconectar de canciones infantiles y oír alguna canción de esas que no entiendes la letra pero que te la inventas y te quedas tan ancha. Pero la verdad que me da igual si soy o no la única, a mi me sienta de maravilla. Y bingo! suena la puerta y llegó el relevo! y el domingo tocan unos colegas en un bar cerca de casa y tengo una quedada pendiente con una amiga que es un sol y es el plan perfecto para airearnos un rato, así que sí, hay oportunidades que no se pueden dejar escapar.
Me encanta acabar bien una tarde aburrida de domingo y sobre todo, volver renovada y con la sonrisa puesta y ganas locas de besar a mi niños y por supuesto al "relevo".
Porque a veces las cosas no son como nos imaginamos que deberían ser, pero cuando lo escribes todo toma sentido y el kaos mental se pone en orden. Porqué quien quiere ser perfecta si la imperfección nos hace libres?
martes, 25 de febrero de 2014
jueves, 20 de febrero de 2014
Que viva el Carnaval!
Y puestos a contar secretos (de los confesables), os confieso que soy un desastre supremo, al menos en lo que al tema logístico de fiestas infantiles se refiere. Y mira que me hace ilusión y que me lo paso pipa y que a la hora de hacer el mono disfruto como la que más, pero tengo que reconocer que al final acabo dejando para último momento los preparativos y con sentimiento de culpa por no haberme espabilado antes.
Siempre me había imaginado como una madre aplicada que prepara los disfraces de Carnaval de sus hijos con todo detalle para que sean los más guapos y los más originales de la fiesta. La reina de la creatividad y el reciclaje. Tal y como se ve el las pelis cuando la sacrificada madre llega de trabajar a las tantas y se pone a coser los últimos detalles del traje de super héroe de su hijito para que luzca perfecto al día siguiente. Pero no. No soy tan apañada ni tan creativa ni sé coser (ni me gusta) ni me quedan fuerzas para ponerme al trapo cuando por fin los tengo en la cama dormiditos.
Así que resultado: queda una semana para Carnaval y aún no tengo disfraz preparado y ni siquiera una idea clara de qué disfrazar a Joel. Y ahora es cuando empiezo a estresarme con el tema.
Odio coser (ya lo he dicho) y no te digo nada planchar. Me encantaría, - lo juro-, me encantaría poder hacer unos modelitos fantásticos o tunear la ropita de los peques o arreglar los agujeros de los pantalones de Joel (que las rodillas parecen coladores), pero es que me da una pereza de muerte ponerme a ello. Solo enhebrar la aguja ya me pone de los nervios. Menos mal que tengo una madre con bastante idea y con máquina de coser, que siempre te saca de un apuro y lo mismo te coge el bajo que te hace unas cortinas. Y claro, esto siempre es una ventaja.
Y cada año me propongo que el próximo me lo voy a currar, que se acabaron los disfraces comprados, que voy a organizarlo con tiempo y que con un par de telas y algo de imaginación hacemos maravillas. Y me acuerdo de los disfraces que nos hacía mi abuela que hasta les cosía lentejuelas. Pero aquí estamos, a una semana de carnavales y a una semana de volver al curro y con demasiados frentes abiertos como para ponerme manos a la obra.... pensando que Éric aún no ha empezado con las papillas, que solo tiene 5 meses (y deberían ser mínimo 6 meses de lactancia exclusiva) y que encima no quiere ni oler el biberón; que me voy a tener que espabilar para que la separación sea lo menos dura posible y que no haga huelga de hambre hasta que yo vuelva del trabajo; y que hoy me han llamado de la oficina y ya me esperan con un par de marrones y que lo que menos me apetece en el mundo es tener que ponerme a resolverlos.
Y bueno, ¿y qué? ¿qué pasa si no soy la madre perfecta de las películas? ¿qué pasa si no se coser? ¿qué pasa si aún no tengo un disfraz monísimo y original de la muerte? ¿eso hace que quiera menos a mis hijos? no, pues apa! siempre nos quedarán los disfraces de los chinos y una abuela dispuesta a echar una mano.
Siempre me había imaginado como una madre aplicada que prepara los disfraces de Carnaval de sus hijos con todo detalle para que sean los más guapos y los más originales de la fiesta. La reina de la creatividad y el reciclaje. Tal y como se ve el las pelis cuando la sacrificada madre llega de trabajar a las tantas y se pone a coser los últimos detalles del traje de super héroe de su hijito para que luzca perfecto al día siguiente. Pero no. No soy tan apañada ni tan creativa ni sé coser (ni me gusta) ni me quedan fuerzas para ponerme al trapo cuando por fin los tengo en la cama dormiditos.
Así que resultado: queda una semana para Carnaval y aún no tengo disfraz preparado y ni siquiera una idea clara de qué disfrazar a Joel. Y ahora es cuando empiezo a estresarme con el tema.
Odio coser (ya lo he dicho) y no te digo nada planchar. Me encantaría, - lo juro-, me encantaría poder hacer unos modelitos fantásticos o tunear la ropita de los peques o arreglar los agujeros de los pantalones de Joel (que las rodillas parecen coladores), pero es que me da una pereza de muerte ponerme a ello. Solo enhebrar la aguja ya me pone de los nervios. Menos mal que tengo una madre con bastante idea y con máquina de coser, que siempre te saca de un apuro y lo mismo te coge el bajo que te hace unas cortinas. Y claro, esto siempre es una ventaja.
Y cada año me propongo que el próximo me lo voy a currar, que se acabaron los disfraces comprados, que voy a organizarlo con tiempo y que con un par de telas y algo de imaginación hacemos maravillas. Y me acuerdo de los disfraces que nos hacía mi abuela que hasta les cosía lentejuelas. Pero aquí estamos, a una semana de carnavales y a una semana de volver al curro y con demasiados frentes abiertos como para ponerme manos a la obra.... pensando que Éric aún no ha empezado con las papillas, que solo tiene 5 meses (y deberían ser mínimo 6 meses de lactancia exclusiva) y que encima no quiere ni oler el biberón; que me voy a tener que espabilar para que la separación sea lo menos dura posible y que no haga huelga de hambre hasta que yo vuelva del trabajo; y que hoy me han llamado de la oficina y ya me esperan con un par de marrones y que lo que menos me apetece en el mundo es tener que ponerme a resolverlos.
Y bueno, ¿y qué? ¿qué pasa si no soy la madre perfecta de las películas? ¿qué pasa si no se coser? ¿qué pasa si aún no tengo un disfraz monísimo y original de la muerte? ¿eso hace que quiera menos a mis hijos? no, pues apa! siempre nos quedarán los disfraces de los chinos y una abuela dispuesta a echar una mano.
miércoles, 19 de febrero de 2014
Sobre mi
Empiezo este blog con 34 años y a punto de reincorporarme al trabajo después de unos cuantos meses de desconexión laboral gracias al embarazo, parto y postparto de mi segundo hijo, Éric.
Teniendo en cuenta que ahora somos cuatro en la familia, la vuelta al curro (al menos al curro remunerado) y que tengo intenciones de seguir siendo una mujer con "vida propia" (léase con ganas de seguir teniendo actividades sociales independientes a la de ser madre), espero poder sacar tiempo para mantener este blog lo más activo posible.
Y porqué empiezo a escribir justo ahora? pues por varios motivos, pero principalmente para sacar pa' fuera. Sacar las cosas que me rondan por la cabeza, cosas que me callo, cosas que siento y otras que presiento. Seguramente, nada que no hayan pensado, callado, sentido y presentido muchas otras mujeres que, como yo, quieren ser Madres (y lo pongo con mayúsculas) sin renunciar a poder seguir teniendo vida propia.
Y es que ser madre (y padre, que no quiero discriminar) es la cosa más hermosa del mundo, pese a que a veces te sientas un disco rayado o te entren ganas de darle una colleja a tu hijo de las que resuenan cual platillo de batería o pienses que porqué no te lo comerías cuando aún estabas a tiempo y no te daba tanta guerra... Porque sí, lo reconozco, un hijo de casi 6 años da mucha guerra, mucha más que uno de cinco meses, y te saca muchas veces de tus casillas, sobre todo si es tan payaso y tan listo como el mio. Pero aún así estoy convencida, ser madre es la misión más bonita que hay. Porque como leí hace poco en el blog de un papi bloguero, se puede ser feliz y estar desquiciado, y estar desquiciado y feliz. Lo confirmo.
Así que esta soy yo, o una parte de mi, y estos son mis hijos, Joel y Éric, la otra parte de mi, que me llenan, me completan y también me traen loca (pero feliz). Poco a poco nos iréis conociendo a través de este blog, o al menos eso espero.
Teniendo en cuenta que ahora somos cuatro en la familia, la vuelta al curro (al menos al curro remunerado) y que tengo intenciones de seguir siendo una mujer con "vida propia" (léase con ganas de seguir teniendo actividades sociales independientes a la de ser madre), espero poder sacar tiempo para mantener este blog lo más activo posible.
Y porqué empiezo a escribir justo ahora? pues por varios motivos, pero principalmente para sacar pa' fuera. Sacar las cosas que me rondan por la cabeza, cosas que me callo, cosas que siento y otras que presiento. Seguramente, nada que no hayan pensado, callado, sentido y presentido muchas otras mujeres que, como yo, quieren ser Madres (y lo pongo con mayúsculas) sin renunciar a poder seguir teniendo vida propia.
Y es que ser madre (y padre, que no quiero discriminar) es la cosa más hermosa del mundo, pese a que a veces te sientas un disco rayado o te entren ganas de darle una colleja a tu hijo de las que resuenan cual platillo de batería o pienses que porqué no te lo comerías cuando aún estabas a tiempo y no te daba tanta guerra... Porque sí, lo reconozco, un hijo de casi 6 años da mucha guerra, mucha más que uno de cinco meses, y te saca muchas veces de tus casillas, sobre todo si es tan payaso y tan listo como el mio. Pero aún así estoy convencida, ser madre es la misión más bonita que hay. Porque como leí hace poco en el blog de un papi bloguero, se puede ser feliz y estar desquiciado, y estar desquiciado y feliz. Lo confirmo.
Así que esta soy yo, o una parte de mi, y estos son mis hijos, Joel y Éric, la otra parte de mi, que me llenan, me completan y también me traen loca (pero feliz). Poco a poco nos iréis conociendo a través de este blog, o al menos eso espero.
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