Aquí estoy, comiéndome una natilla de chocolate sentada en mi esquinita favorita del sofá, el rincón de la energía que le llamo yo, que me mola mucho esto de pensar que la energía se concentra en algunos puntos de la casa y aunque no tengo ni idea de feng shui ni nada de esto, me da a mi que esta esquinita del salón tiene algo especial que solo lo percibimos los bebés (que curiosamente siempre se quedan embobados mirando a esta esquina) y yo.
Y como iba diciendo, aquí sentada en mi rincón de la energía, chocolate en boca y ordenador sobre rodillas, me pongo a darle vueltas al coco sobre las cosas de la vida y lo poco que cuesta a veces ser feliz y ver el lado bueno de las cosas. Y sino, que se lo pregunten a mi hijo.
Una vez me preguntaron si me consideraba una persona positiva y la respuesta fue sí. Me considero una persona positiva y feliz (que no es lo mismo), aunque también he pasado por momentos de mi vida en los que he estado triste y veía las cosas más bien de color oscuro, y la verdad es que ahora cuando miro hacia atrás casi no me reconozco. No sé si eso le pasa a mucha gente, pero cuando me veo a mi misma en plan drama, me doy mucha rabia.
Y es que estoy convencida que la felicidad no depende tanto de factores externos (aunque claro que tener una vida fácil con las necesidades básicas cubiertas ayuda), sino de la actitud que tengas delante de vida y los problemas.
Cuando me enteré que estaba embarazada de mi segundo hijo casi me da un yuyu y me entraron todos los miedos del mundo, desde si sabría ser madre de dos pequeños monstruitos devora-paciencias o acabaría medio loca en dos días, hasta si podría vivir la maternidad de una manera positiva y no como un sacrificio continuo. Ahora no sé ni como podía plantearme todo eso con lo que disfruto viendo reírse a mis hijos, jugar juntos o dando guerra, no entiendo porque me centraba en lo malo cuando todo lo bueno gana por goleada.
Parece que siempre tendemos a centrarnos en los problemas, en vez de mirar las oportunidades y las cosas nuevas por descubrir. La pregunta estrella que me suele hacer la gente es si Joel tiene celos de Éric y la verdad es que, contra todo pronóstico, él es el que más enamorado está de su hermano. Hace dos días le intentaba explicar a Joel qué hacer cuando algo nos pone tristes y la conversación era de lo más divertida, sobre todo por la lógica aplastante que tiene mi hijo y su filosofía ante la vida, digna de admirar.
- A ver, a ti qué cosas te ponen triste? - Pues cuando me caigo y me hago mal en la rodilla.- Y qué haces si te pones triste?- Espero que se me pase.- Vale, y si ves que no se te pasa?.- Pues me levanto y sigo jugando.
Al final, acabé dándome cuenta que a Joel no le hace falta que nadie le enseñe a ser positivo, porque él nos puede dar lecciones a todos. Y la verdad es que tiene toda la razón, cuando te caes, aunque te duela, no queda otra que levantarse y seguir jugando.
Y como diría mi madre: A buen entendedor, pocas palabras bastan.
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Como dice la canción "si te mola, me contestas"...