jueves, 6 de marzo de 2014

Neuronas, he vuelto!

Después de casi ocho meses sin romperme las neuronas demasiado en otros asuntos que no fueran las tediosas tareas de casa, el parto, el postparto, las cosillas de la maternidad y por supuesto, paranoias mentales varias, típicas de tener demasiado tiempo para darle vueltas al tarro, llega el temido momento.

Sí, el temido momento de volver al curro, de dejar la vida de paseos al sol y de dejar a mi niño pequeño, que aún no se entera de nada y que no sabe que pronto su madre se va a tirar más horas fuera que dentro de casa y que se va a quedar sin lo que más le mola, la teta de su mami.

El temido momento de ver si aún las neuronas siguen funcionando y si puedo retener en el cerebro algo más que las veces que me he levantado medio sobada a darle la teta a Éric durante la noche.

El temido momento de pensar como organizarse para poder llegar a todas las reuniones, recoger al pequeño, recoger al grande, hacer el curso ese tan interesante, hacer la compra, planificar la cena, hacer el baño, preparar las cosas del cole y no morir en el intento. Y morir en el intento no moriré, que nadie se muere, aunque lo tengan mucho más chungo que yo, pero si llego a las once de la noche despierta casi no me lo creo.

Y antes que llegue el momento, me pego un fin de semana intensivo de salir, de risas, de carnaval y de fiesta. Un fin de semana subrealista, de amigas, de amigos, de juerga freake y de dormir poco. De bailar, de partirme de risa y de aprovechar hasta el último segundo. Como si ese fin de semana fuera el último antes del fin (qué drama le pongo, jejeje).

Pero llega el momento y vuelvo al trabajo. Empiezo los viajes en metro, las reuniones, los reencuentros. Las facturas, los mails, las actas, los informes. Y veo que las cosas van saliendo y que me gusta mi trabajo y que pese a los meses fuera, mi cabeza funciona y que no lo hago nada mal. Y que hay mucha gente que me quiere y que me valora y que me echaba de menos. Y me voy para casa contenta y que cuando llego, mi niño me espera con una gran sonrisa porque se lo ha pasado pipa con su yaya y porque se alegra de verme. Y ya se me ha pasado el miedo al "temido momento" y empiezo a disfrutar de esta nueva fase.

Y me acuerdo de la suerte que tengo que no me la acabo. Y dejo los dramas y vivo el momento.

Y sin darme cuenta, volvemos a estar a viernes y se ha pasado la semana en un suspiro. Y me preparo para acabar la semana como se merece, porque hace un tiempo que los viernes son mi día favorito de la semana, pero eso os lo explicaré en otro post.



1 comentario:

  1. si de fiesta que este viernes hay FIEEESTA!!!, guapa tu si que sabes, tiempo para todo y seguro q para más. Bienvenida a esta nueva etapa.

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Como dice la canción "si te mola, me contestas"...