sábado, 8 de marzo de 2014

We have the power!

Como mujer y feminista, no podía dejar pasar el 8 de marzo sin hacer una entrada al blog sobre lo que representa este día.
La verdad que no quiero escribir más de lo mismo sobre la necesidad de seguir defendiendo la igualdad de derechos entre mujeres y hombres, que aunque haya personas que crean que hoy en día ya está todo conseguido, queda mucho, pero que mucho camino por recorrer no solo en el ámbito doméstico con la implicación de los hombres en las tareas de la casa o en el cuidado de los hijos, sino también en lo público, en las empresas, en la política o en cualquier ámbito de poder, en el que la mayoría de las cabezas visibles y no visibles son hombres. Tampoco quería dedicar este post a la lucha de las mujeres, ya que ésta no debería ser una lucha de las mujeres sino de toda la sociedad, aunque haya bastantes "cabeza cuadradas" por ahí sueltos que piensen que esto es solo un tema de las feministas locas y que con ellos no va el tema. Este post no tiene pretensiones pues de profundizar en el significado social y político del 8 de marzo (y mira que me encanta, como buena politóloga que soy) sino solamente de reflexionar sobre algunas situaciones del día a día que a veces nos sacan la sonrisa y a veces nos desbordan.

Para empezar os contaré que mi hijo Joel tenía que haber nacido el 8 de marzo. Estaba tan feliz de tener un hijo justo el día de las mujeres trabajadoras, no me lo podía creer, esto era una señal... (esto de las señales, me encanta) tendría un hijo feminista y súper sensibilizado con las problemáticas de las mujeres del mundo! Pero como suele pasar, casi nunca a los bebés les da por nacer el día que toca y suelen adelantarse o retrasarse para cogerte desprevenida. Así pues, a Joel le dio por venir una semana antes y mi gozo en un pozo. Bueno, no importa, mi hijo será igualmente un niño feminista y sensibilizado, pensé. No puede ser de otra forma, porque en casa tiene un buen ejemplo, un padre la mar de apañado y comprometido y una madre bastante reivindicativa e independiente que no se queda callada ni sumisa ni asume eso de que el hombre es el macho dominante y la mujer el sexo débil.

Pero no sé ni como, Joel empieza la escuela y mi niño viene del cole diciendo eso de que el rosa es de chicas, que tal juego o tal otro no son de chicos, que él no quiere tal cosa o tal otra porque son de nenas y que las chicas no pueden jugar al fútbol porque es de chicos (¡Ole yo! a ver, ¿donde he fallado como madre, mujer y feminista? ¿qué he hecho mal para que me toque este castigo?) -Pero bueno, enano ¿tú de donde te has sacado esto?- y pones cara de Mona Lisa e intentas explicarle que el rosa no es de chicas, que el azul no es de chicos, que solo son colores, que las chicas también juegan al fútbol y a cualquier deporte que les guste y que los niños también pueden jugar a cuidar a las muñecas, igual que el papá le cuida a él.... y él me mira como diciendo "sí, sí, pero a mi no me cuentes rollos, que el rosa es de chicas".

Y llega un momento que no sabes si son los críos del cole, la tele, la escuela, el sistema o es TODO. Y es que todo lo que nos rodea transmite mensajes sexistas, a los que estamos tan habituados que ni nos damos cuenta, pero que los niños y las niñas los captan al vuelo y los asumen como propios. Es tan fuerte la cultura patriarcal que a veces parece que no podemos escapar de ella. Estoy más que harta de ver en el parque como se reproducen los roles de género de forma super bestia (mi hijo el primero, no digo que no). Las niñas juegan a ser princesitas y los chicos (por lo general, siempre hay excepciones) a la lucha, las carreras o a la pelota y son tan competitivos que da miedo. A veces hasta te planteas si es que lo llevan en los genes grabado a fuego.

Te consuelas pensando que son muy peques y que ya se les pasará y se darán cuenta de que no, de que las cosas no son tan simples y que poco a poco llegarán a ser hombrecitos más críticos con lo que ven en la tele y en la sociedad y no se creerán todo lo que les cuenten en los medios de comunicación y ... bueno, al menos tienes esa esperanza (espero no pecar de ingenua), por si acaso yo voy sembrando y no dejo de meter el rollo pedagógico cada vez que me sale con una de estas mini ideas machistas que se le pasan por su cabecita.

Y es que aunque parezca que no, las madres (y los padres) tenemos mucho poder, mucho, muchísimo.  Tenemos en nuestras manos una pequeña generación de hombrecitos y mujercitas que serán el futuro de nuestra sociedad y que depende de nosotras que la información que les llega desde mil sitios diferentes pueda ser contrastada con el modelo de familia que tienen en casa y la información que les damos, tanto cuando les metemos la chapa como cuando les enseñamos con el ejemplo (que es lo que más les queda).

Tenemos el poder de formar una generación de niños sensibles a los problemas de la sociedad, a las desigualdades (no sólo las de género). Tenemos el poder de enseñarles a ser amorosos con los bebés, respetuosos con sus compañeros y tolerantes con los que no son como ellos. Tenemos el poder de hacer que entiendan que no solo lo material es lo que cuenta, que existen cosas más importantes y que lo principal son las cosas que no se ven ni se compran. Tenemos el poder de convertirlos en personas no dependientes ni sumisas sino independientes y luchadoras, y sobre todo, que sepan que todo lo que quieran lo pueden conseguir o al menos que ser hombre o mujer no sea el límite que se lo impida.



Me encantaría no tener que tener un día específico de la mujer, no tener que celebrar un día para reivindicar nuestros derechos y me encantaría no tener que luchar cada día para que mi hijo no reciba los malditos mensajes sexistas que le hacen tener la cabeza hecha un lío a sus 6 años, pero mientras esto siga pasando, seguiremos necesitando un 8 de marzo.

Ánimo a todas las mamis y papis en nuestra lucha diaria, estoy segura que lo conseguiremos!

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Como dice la canción "si te mola, me contestas"...